Un puñado de cosas que no te puedes perder en Gambia

Si nunca antes has estado en Gambia, aquí van unas cuantas cosas que no puedes perderte:

  • Visitar el Parque Nacional Río Gambia

Si te gusta la naturaleza y los lugares apartados y vírgenes, tienes que visitar el trozo de río que separa las localidades de Kuntaur y Janjanbureh, situado en la zona central del país, a 300 km de Banjul, capital de Gambia. En cualquiera de estas poblaciones, podrás subirte a una embarcación de pescadores (rústicas, de madera, con algún que otro agujero por el que sentirse más cerca del agua, y con motores supervivientes de mil batallas) y recorrer sus aguas y partir en busca de otros habitantes. Como hipopótamos que, en ocasiones, crean grandes manadas en esta zona; cocodrilos tomando el sol, aunque más difíciles de ver. En el ramaje que perfila el paisaje, diversos primates curiosos se asoman a saludar, entre ellos: chimpancés (que tienen aquí una zona de protección y recuperación), babuinos, colobo rojo… Desde los cielos, buitres, águilas de cabeza blanca, martines pescadores y otras maravillas aladas, nos darán la bienvenida.

Ah! No os olvidéis de una gorrita y un poco de crema de sol, el clima aquí no tien clemencia.

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  • Perderse, literalmente, en el mercado de Serrekunda

El mercado de Serrekunda es el más importante del país. Un caos de olores, colores, gente y ruidos. Una gran extensión de calles y polvo en las que se puede encontrar prácticamente de todo. Desde amuletos a telas, pasando por verduras, carnes y todo tipo de utensilios. Tranquilos, perderse os resultará de lo más sencillo. Uno de los lugares más auténticos y que más resumen a este bonito país.

  • Atardecer en Tanji

Si venís a Gambia no olvidéis este nombre: Tanji. Un auténtico espectáculo os espera a orillas del mar. Lo que aquí podréis ver, os dejará seguro con la boca abierta.

Si queréis saber más, AQUÍ el post que hicimos sobre el lugar.

  • Degustar un chicken yassa o un beef domoda

Estos son los dos platos típicos, siempre acompañados de arroz (para variar). Los degustarás, aunque no quieras, pues es lo que se sirve en casi todos los sitios. El yassa es una salsa hecha con cebolla, mostaza, limón y pimienta negra molida. Muy rica, por cierto, si no es muy picante. El domoda es una suave salsa hecha de cacahuete, imposible resistirse!!!

  • Atravessar manglares laberínticos y vírgenes

La parte más baja del inmenso río Gambia (bueno, hasta 150 km cauce adentro, que se dice pronto) es de agua marina y posee densos y laberínticos manglares, de proporciones descomunales, de esas que no caben en los ojos. En las raíces de esta vegetación se aferran cantidades de ostras y en el fangal que sale a flote cuando baja la marea, cientos de cangrejos y de peces del barro (criaturas extrañas mitad pez, mitad anfibio) se pasean arriba y abajo. Pelícanos, monos, varanos, cocodrilos, murciélagos gigantes y delfines, son vecinos en este bello y silencioso hábitat. Los lugares más recomendables para saborear estos paisajes vírgenes son Tendaba y Bintang Bolong. No os perdáis tanta naturaleza en estado puro.

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  • Darse un largo paseo por la playa

Podríamos recorrer toda Gambia, de norte a sur, sin dejar un solo momento la belleza y la soledad (en general) de sus playas, si no fuera por la desembocadura del río que da nombre al país, de 5 km de ancho. Los paseos al atardecer entre los palmerales y el romper de las olas, sobre esa arena fina sin fin, son una delícia totalmente necesaria.

El ancho trozo que va desde Kartong hasta Tanji es tan solitario como bello, y está salpicado por chiringuitos regentados por rastafaris donde con suerte podrás tomarte un cerveza o un refresco (otro tema es si frío o no). El trozo de playa del litoral de Senegambia (único lugar turístico del país, dos calles de hotelitos y hotelazos, piscinas, restaurantes…) es precioso, pero a su vez un coñazo, aquí la calma no existe y el paseo se verá interrumpido por voces y productos de venta ambulantes, desde zumos hasta pareos.

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  • Moverse en kele-kele

Entender la idiosincrasia de este tipo de transporte público es toda una aventura. Furgonetas repletas de gente, que cantan y repiten el nombre del barrio o ciudad al que se dirigen, conduciendo como locas hacia todas partes, sin paradas fijas, que te aseguran que van a un lugar en concreto, pero no te aseguran llegar a él. Desde quedarse sin gasolina hasta petar una rueda, pasando por controles policiales. Todo es posible. Si no te importa acabar en cualquier sitio , no tienes prisa por llegar a un punto X, aventúrate y vive Gambia, con todas sus consecuencias.

  • No desesperar con el: TOUBAB (blanco), how are you?, “qué pasa, qué pasa?”, only mira, “tranquilo, en Gambia no pasa nada”, “mañana, mañana”…

La clave es no desesperar ante la simpatía o la impertinencia que te acompañarán a cualquier lugar. Siempre alguien tendrá unas palabras para ti. Desde los niños, hasta los taxistas a vendedores, desde los chicos de la playa hasta a algunos que se aferrarán a ti durante largos o cortos trayectos, con ganas de darte conversación, sin importarles tu predisposición. En la mayoría de casos el gambiano tiene muchas ganas de hablar, y entablar es lo que te hace conocer este hermoso país. Hay que saber a quien sí y a quien no… Y no es fácil, aunque lo parezca.

  • Pasar una noche en una aldea rural

Las zonas rurales, alejadas de todo, son la esencia del país. El ritmo de vida aquí es muy lento. Pasar, invitados por alguna familia, una noche en uno de estos hogares, será una experiencia muy interesante y enriquecedora. La amabilidad y la generosidad del gambiano siempre están presentes. Sobre todo, es en las zonas rurales, donde la hospitalidad de la gente es el plato principal.

  • Dejarse llevar y disfrutar con los niños y sus juegos

Gambia es de los niños. Queda claro desde el principio. Miles de niños van y vienen siempre sonriendo. Siempre dispuestos al juego. Siempre tienen un “toubab” (blanco) que gritarte amigablemente, una mano que darte, un gesto de cariño, un juego que entablar siempre desde la imaginación o una invitación a participar en un baile con ellos. Deja las prisas a un lado y pierde (o mejor dicho GANA) el tiempo con los más pequeños del país y recuerda lo que es jugar y la sencillez, nunca está mal recordar cosas como estas.

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  • Bailar en la noche gambiana

En la noche encontraréis diversas discotecas donde poder menear el esqueleto hasta las tantas. El Reggae y el Dance hall, son las melodías que resuenan en todos los garitos. La música está muy presente en el día a día de los gambianos. Desde los ritmos trivales de Djembes a la música moderna nigeriana. Sal una noche y aprende lo que es bailar y llevar el ritmo en la sangre. Gambia es ritmo a todas horas.

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