En ruta por Nepal

Tras casi quince horas de aviones y aeropuertos, por fin, llegamos a destino. Únicamente teníamos los vuelos. No teníamos nada más. Ni ruta, ni alojamientos, ni transporte. Antes de aterrizar amanecía en aquel país de selvas y montañas, y vimos la verticalidad del Himalaya, tremenda mole de piedra y nieve.

Katmandú – Patan – Chitwan – Lumbini  – Pokara – Bahktapur

Katmandú y Patán

Así, agotados, cometimos el primer error. Pues llegamos tan cansados que antes de salir del aeropuerto ya nos la estaban colando. Ansiosos por llegar a tirarnos en una superficie blanda a descansar  y dormir un poco, nos pararon los dueños de un hotelito pequeño del centro de Katmandú y tras enseñarnos cuatro fotos y decirnos tantas cosas maravillosas del lugar, dijimos que sí rápidamente a un precio bastante más elevado de lo que pagaríamos en las siguientes 18 noches. Y eso que la habitación parecía sacada de una casa del terror en toda regla. Y para muestra un botón. Lo que ya sabíamos de antemano se confirma una vez más. Cuando vas improvisando un viaje primero ver la habitación con tus propios ojos, antes de pagar un euro. Y punto dos, el cansancio a veces, casi siempre diría yo, pasa factura. Aquí el antro.

 

A partir de esa noche, buscamos y rebuscamos meticulosamente alojamientos sin prisa allí donde llegábamos, regateábamos, nos íbamos, volvíamos, regateábamos de nuevo y así siempre, hasta conseguir un precio correcto. Hay que decir que Nepal es un país muy barato con alguna excepción.

Al día siguiente cambiamos de alojamiento y nos paseamos por el maravilloso estrés de Kaosmandú y su vecina Patan. Una ciudad preciosa, con su Plaza Durban reluciente, con su barrio de Thamel repleto de todo lo que puedas imaginar, sus vistas únicas, sus templos hindús encajados entre edificios, sus monos trepando por edificios y cableado eléctrico y sus vacas cortando el tráfico.  El calor es asfixiante en septiembre. tanta gente y tanto humo, también. Pero es un lugar de esos que atrapa. Atrapa para siempre. Allí se tocan los extremos. También nos despertamos a las 4 de la mañana para poder entrar bien temprano a los crematorios del río Basmati, pues si accedes más tarde de las 6 a.m se paga por entrar, pues de eso han hecho negocio. La única manera de no hacerlo es estar dentro del recinto antes de que se sitúen en las garitas los policías y los vigilantes. Que parece que no te ven, pero sí. Pues unos días antes lo intentamos por diferentes puntos y es imposible acceder. La entrada no es barata…

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Chitwan

Chitwan en una gran extensión de bosque denso y grandes árboles, así como zonas pantanosas enclavado al suroeste de Katmandú, en los alrededores de Bharatpur y Ratnanagar, en una zona rural donde los lugareños, entre otras cosas como la agricultura, la pesca, el turismo, se dedican a la doma de elefantes para trabajar transportando madera, en construcciones, llevando a visitantes…  El espacio es conocido por sus tigres de bengala. Está integrado en las áreas naturales que están luchando por la conservaciones del gran felino asiático. Se puede acceder a él de diferentes formas, pero siempre mediante un guía oficial del parque. En cualquier hostel, albergue, etc, como el que buscamos nosotros una vez allí, una habitación austera pero correcta con desayuno incluido y algo apartada del parque nacional… te ofrecerán la información necesaria para poder concertar una visita al espacio protegido. Hay que tener suerte para ver un felino. Mucha diría yo. Otros animales, como ciervos sambar, aves, cocodrilos, rinocerontes, serpientes… son relativamente fáciles de observar. Los felinos no. Los mismos guías comentan que a veces se ven en las zonas abiertas a las visitas, pero no es lo normal para nada. Aún así, el silencio y la inmensidad de encontrarse dentro e ir observando y escuchando diferentes especies animales vale la pena. Y la incertidumbre, de ver o no ver al gran buscado, también. Algunas veces los tigres han hecho incursiones en las poblaciones aledañas, causando el pánico entre los vecinos, nos comenta el joven delgado que nos adentra en la espesura mientras pone cara de misterio.

Lumbini

Lumbini es una población apartada situada en mitad de una gran llanura. Conocida por ser un lugar sagrado de peregrinación budista, pues se dice que Buda nació aquí. Posee un gran parque repleto de templos por todos sus márgenes llevados por diferentes países del mundo. Cada templo tiene un aire distinto. El lugar bien merece una visita. Es un lugar de silencio y paz. Un oasis de verdor allí donde el sol quema y asfixia. Donde los vecinos pasean, charlan, van en bicicleta, echan la siesta y descansan tranquilamente. Se puede recorrer a pie o en bici. Nosotros alquilamos unas bicicletas, baratísimas, al lado mismo del hostal. No eran buenas, pero rodaban. Una maravilla. De esas sin frenos que cada vez que pedaleábamos nos tocábamos con las rodillas casi las orejas. (Es una clara exageración, pero casi casi). Lumbini es un pueblo calmado. Rodeado de campos donde los lugareños viven de la agricultura y de sus animales. Es un lugar parado en el tiempo. El sitio más caluroso que conocimos de aquel país. Aquí hay gran cantidad de hostels muy baratos en los que hospedarse y no es una zona tan concurrida como el valle de Katmandú. Regatear no se hace muy costoso en estos lares.

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Pokhara

Desde Lumbini nos encaminamos al norte, atravesando bellos paisajes de montañas frondosas y verdes, de abismos sin fin, con rumbo a la mítica localidad de Pokhara, famosa por ser la base de operaciones para acercarse al himalaya, concretamente al Annapurna. Transcurría el viaje por una carretera peligrosa, como todas las carreteras del país, donde en varios puntos la señal de máxima velocidad iba acompañada de un 25 km horas. Tardamos todo el día para llegar allí. Nuestro objetivo, se empezó a nublar, pues después de llevar más de una semana por aquel país, las nubes empezaban a coger protagonismo y nuestro propósito era realizar un trekking por el Annapurna, nos hicimos las fotos pertinentes para conseguir el permiso, miramos maneras de acceder, valoramos tirar adelante aun la pasta que costaba… Esto es lo único del viaje que realmente no es barato. El acceder al Himalaya tiene un precio… Pero la meteo se puso en nuestra contra. Alargamos allí, en aquel pueblo caro y famoso, con el precioso lago de barcas de colores, más de lo previsto para ver si de una puta vez salía el sol y nos daba una tregua, pero no. Allí no lo vimos ninguno de los días. Así que después de visitar entre otras cosas el campo de refugiados tibetanos, el lago, algún que otro cerro con vistas, nos marchamos cabizbajos cogiendo el primer autobús que salía aquel día gris en dirección a la capital de nuevo. Cerrando el circulo.

No está de más mencionar la aventura de viajar tanto por Nepal como por India en transporte público. La carretera de Pokhara a Katmandú es famosa por tener cada dos por tres trágicos accidentes de tráfico. Los autobuses y los camiones, son los peores. Adelantan en subida, curvas cerradas, barrancos al lado de más de 50 metros y sin que les tiemble el pulso. De aquellos trayectos no me olvidaré en la vida. Tantas veces nos quedábamos helados, mirándonos, sin decir nada pero suspirando.

Después de unas cuantas horas, con parada incluida para comer, llegamos sanos y salvos, algos mojados de lluvia, dentro de un autobús con goteras, a la sonora y caótica Katmandú.

Bhaktapur

Ya teníamos ubicada la estación de autobuses y furgonetillas de la ciudad. Cosa muy necesaria. Habíamos tenido que cambiar los planes, pues las montañas estaban impracticables. Así que el resto de los días, sin ton ni son, cogíamos las mochilas y nos dirigíamos a ver hacia donde salían los diferentes autobuses y nos subíamos allí donde nos interesaba. Y así descubrimos la mejor de las ciudades, la más bonita colección de arte de Nepal. Bhaktapur es un conjunto impresionante de templos, calles empedradas, ofrendas, tranquilidad, puertas abiertas, gente amable… Bhaktapur es la ciudad con la que me quedo sin duda alguna. LLegamos, nos tiramos medio día buscando alojamiento y nos quedamos un par de noches, pues esa ciudad es para estarse más todavía. El mejor conjunto arquitectónico del país bajo mi humilde punto de vista. Si volviera al país me hospedaría aquí, sin duda, de nuevo y me volvería a perder por sus callejas y me sentaría horas a ver la vida desenvolverse en su ir y venir. El lugar tiene todo lo que hace falta para dejarte con la boca abierta y el corazón de la misma manera. Aquí sí. Aquí me quedo.

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Improvisar tiene sus riesgos

Improvisar te da libertad sin duda, pero también tiene sus riesgos, sobre todo si vas no demasiados días. Y en algún momento, igual que puedes alucinar por lo que encuentras, puedes verte perdiendo el preciado tiempo, un día bajo la lluvia tirados en una ciudad sin alojamiento posible y sin autobuses de vuelta . Esto nos pasó cogiendo un autobús desde Katmandú y yendo hacia el lugar que fuera… Ese día no era el día. No. Una vez corroborado que no teníamos lugar para dormir y bajo un aguacero, nos percatamos que todos los autobuses de regreso venían repletos y nosotros con nuestras grandes mochilas a la espalda no cabíamos en ninguno. Así nos pasaron las horas, en las que empezamos a andar por los márgenes de la carretera, un poco agrios, hasta que finalmente sucedió el milagro y nos hicieron hueco entre la muchedumbre… Yo creo que por pena… Pero así logramos volvernos y desandar lo andado. Regresamos a Katmandú, con el rabo entre las piernas, y tuvimos que volver a buscar hospedaje con barro hasta las rodillas y el monzón que agresivo no paraba. El viaje claramente tuvo una parte de subida y una de bajada. Bastante ligadas a la climatología, por cierto. La lluvia nos acompañó la segunda mitad del viaje poniéndonos al limite en algunas circunstancias como una enemiga de la que no puedes separarte y a la que te has de acostumbrar sí o sí. Los mozones pueden chafarte un viaje…

Nepal es un país que vale mucho la pena. Antes y después del trágico terremoto que sucedió a los pocos meses de nuestro regreso. La gente es la misma. La gente es el principal requisito que hace que un país valga o no la pena para repetir. La naturaleza es en este país inmensa. Desde profundas selvas a las montañas más altas del mundo, que te dejarán con la boca abierta durante unos minutos como mínimo. Los templos y sus costumbres, son de lo más interesante. Nepal es un país que se merece un Namasté cada dos o tres pasos.

NAMASTE, NEPAL.

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Aquí más fotos de tan interesante viaje. ¡Pásate y sigue viajando!

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